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Para lograr cambios mayores en Ciencia, Tecnología e Innovación en México, hay que hacer partícipes a todos los actores: José Enrique Villa Rivera

8 de noviembre de 2021.

Invitado por el Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional, Unidad Sinaloa (CIIDIR-IPN), el Dr. José Enrique Villa Rivera —miembro de El Colegio de Sinaloa— sustentó la conferencia Ciencia, Tecnología e Innovación en México: una revisión, el lunes 8 de noviembre del año en curso, a través de plataformas streaming institucionales. En la actividad se dieron cita el Dr. Juan Carlos Sainz, director del CIIDIR-Unidad Sinaloa y el Mtro. Élmer Mendoza, presidente de El Colegio de Sinaloa, así como autoridades del CIIDIR-IPN, profesores y estudiantes.

El Dr. Enrique Villa señaló que el propósito de su exposición era, en parte, hacer un balance en esta nueva coyuntura difícil y complicada, así como analizar el proceso que tuvo el Sistema de Ciencia y Tecnología de México a través de los años, ver los resultados con las variables que muestran el avance del país en esta materia.

Inició explicando el periodo de 1900 a 1960 con la creación de nuevas instituciones, estructuras y nuevos organismos colegiados, entre ellos la fundación de la Universidad Nacional de 1910; que posteriormente sería la Universidad Nacional Autónoma de México; las aportaciones científicas de Manuel Sandoval Vallarta, director del IPN (1944-1947), entre otros hechos relevantes.

En su opinión, el Dr. Villa dijo que Manuel Sandoval Vallarta —el primer egresado del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT)— a su regreso al país dio una orientación y cambió la perspectiva científica y, con ello, se dieron los primeros avances en áreas de investigación científica en México. Señaló que Lázaro Cárdenas en 1935 creó el Consejo Nacional de la Educación Superior e Investigación Científica (CNESIC), entre otros datos históricos.

De este periodo, Villa Rivera dijo que estos primeros esfuerzos se caracterizaron por una débil capacidad institucional con injerencia importante, sin presupuesto, por lo tanto, su impacto fue limitado.

Sería con la creación del CONACyT en 1970 cuando se conformó como un organismo que fuera el asesor principal del Ejecutivo federal para la instrumentación de la política científica y tecnológica en el país. Enrique Villa manifestó que su principal fortaleza se orientó a la formación de recursos humanos en el tema de becas y la creación de infraestructura en el país con laboratorios; esto también tomando en cuenta los esfuerzos de otras instituciones y universidades.

Posteriormente, en 1992 el CONACyT se sectorizó dentro de la SEP por su relación con la educación superior y las universidades, además del vínculo con las empresas. Asimismo, se van afilando los instrumentos de evaluación y vinculación. Y se da otro impulso a la infraestructura; a esto se añade la Ley en 1999 donde se integran esfuerzos regulatorios para hacer mayor interacción entre la academia y el sector productivo; se definen a los centros públicos de investigación con mayor flexibilidad y se incorporan espacios como el Foro Consultivo y Tecnológico.

Explicó que, a partir del cambio político en el país en el año 2000, el sector empresarial demandó mayor participación, lo que llevó en 2002 a modificar algunos aspectos de esta ley con carácter de política de Estado; se crea presupuestalmente el ramo 38; asimismo se otorgó al CONACyT el órgano regulador-coordinador en estos campos para crear los fideicomisos con otros organismos tanto de gobierno como privados. Finalmente, también señaló que se elevó al 1 por ciento del PIB que nunca se ha cumplido.

Después de revisar este amplio contexto, Enrique Villa cuestionó ¿qué pasó en términos de resultados? Para ello, eligió algunas variables; la primera de ellas fue la formación de recursos humanos con posgrados de buena calidad. Con base a esto, fue creado el Padrón de Excelencia de CONACyT para reconocer la creación de grupos de docencia e investigación de buena calidad de universidades e instituciones de educación superior. Si bien dijo que en los primeros 13 años el avance fue lento, explicó que  a partir de fondos concursables permitió el crecimiento sistemático; no obstante, a partir del 2020 ya comienza un decremento de estos programas de calidad. También se dio un incremento en las becas, y hasta el año pasado también se da un decremento de jóvenes becados.

Por su parte, dentro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) en 1984 había 1390 investigadores, llegando en 2020 a 35 160 integrantes. Esto denota una historia reciente y de poco tiempo si se compara con países como Alemania, por ejemplo. Además, responde al esfuerzo nacional para tener una mayor cantidad de investigadores en el país. 

El Dr. Villa detalló que existen algunas formas para medir el conocimiento mediante publicaciones en revistas de calidad indexadas que se dedican a medir cuánto conocimiento generan los países (Scopus); la calidad de instituciones con programas de posgrado y una política de una mayor producción de conocimiento.

En este punto preguntó ¿cómo nos comparamos con otros países del mundo en el ranking de número de publicaciones científicas? Señaló que a la cabeza están diez países altamente desarrollados, “en este aspecto somos el lugar 29, pero somos la economía número 15 en el mundo y no hay una correlación directa entre ambos esquemas.” 

Enrique Villa expresó que la otra forma de medir la generación de conocimiento, y qué impacto tiene en la generación de riqueza de forma rápida, está relacionada con el número de patentes solicitadas. La mala noticia es que el conocimiento que se genera en el país es poco en relación con las patentes y, con ello, es poca la creación de riqueza en México, pues sí hay patentes, pero son los extranjeros quienes están solicitando las patentes en el país.

Otro elemento que mencionó para mejorar el índice de competitividad es a través de los índices que considera el Foro Económico Mundial (WEF), organismo que diseñó una estrategia para medir la variable denominada Índice de Competitividad Global que da una idea de cómo se encuentra ese país en diferentes temas relacionados como en ciencia, tecnología, innovación, negocios, entre otros.

Explicó que el WEF revisa 12 pilares entre los temas de instituciones, infraestructura, adaptación tecnológica en Innovación, Ciencia y Tecnología, pero fundamentalmente es la capacidad de innovación donde se analizan de manera cualitativa y cuantitativa datos relacionados con la calidad de la investigación de las instituciones que hacen investigación científica, la inversión del sector privado en I+D, así como lo colaboración universidad-empresas, entre otras.

A su vez, Enrique Villa Rivera expresó que si no hay generación de conocimiento no hay desarrollo ni incremento económico. Por ello, en 2019- 2020, la posición de México en innovación estaba en el lugar número 52, mientras que el índice global de competitividad el 48. Esta es la distancia que existe entre México y los países desarrollados para llegar a tener mejores empleos, sistemas de salud, carreteras, entre otros aspectos que denotan avances en la calidad de vida, desarrollo y crecimiento económico en un país.

Por lo que afirmó que “sólo el crecimiento de la productividad asegura un crecimiento económico sostenible a largo plazo y para ello se requiere mejorar la educación, incrementar la inversión productiva, mejorar el mercado laboral, incrementar la inversión en ciencia, tecnología e innovación, mejorar los mercados financieros y desarrollar esquemas de emprendurismo y espíritu empresarial.”

Como parte de las reflexiones finales, el Dr. Villa Rivera añadió que recientemente se han tomado acciones contrarias a construir una adecuada capacidad de generación de conocimiento mediante la formación de recursos humanos de calidad. Añadió que “han sido procesos lentos el desarrollo de capacidades nacionales para la ciencia y tecnología. Y esto nos exhorta a transformar todo lo que se tenga que cambiar, pero siempre para mejorar, no para destruir, trabajar en la discusión en un nuevo marco legal para la Ciencia, Tecnología e Innovación, así como en la planeación para establecer cambios mayores para su desarrollo hay que hacer partícipes a todos los actores.”

También dejó claro que las consecuencias de la pandemia por COVID-19 aún no están bien definidas: “se habla de una amenaza importante de reducción de recursos financieros para la investigación: por un lado, la crisis puede conducir a la reorientación del apoyo a la investigación, mientras que, por otro, la crisis económica resultante está conduciendo a la disminución en términos reales del presupuesto para el CONACyT.”

Las lecciones que dejará esta crisis para las Instituciones de Educación Superior (IES) y los centros públicos de la investigación estarán relacionadas con la flexibilidad y la resiliencia, por lo que el Dr. Enrique Villa expresó que este hecho reforzará la colaboración interinstitucional.

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