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En necesario un Estado laico que respete y garantice la libertad de conciencia: Dr. Roberto Blancarte

3 de noviembre de 2020

En el marco del ciclo Conversaciones en El Colegio de Sinaloa, el martes 3 de noviembre de 2020, el Dr. Roberto Blancarte, miembro colegiado, participó con el tema: El Estado laico y el neoconservadurismo en América Latina, en el que explicó que para la gran mayoría de los latinoamericanos “el Estado laico es una conquista jurídica, cultural, social y política que debe cuidarse y fortalecerse con el objetivo de garantizar y ampliar muchas de las libertades de las que podemos gozar”.

Sin embargo, el Dr. Blancarte puntualizó que: “En los tiempos actuales la histórica resistencia a la laicidad alimentada por el pensamiento conservador y tradicionalista se ve reforzada por lógicas contemporáneas, populistas, nacionalistas e incluso xenófobas, todas ellas conspiran, desde mi perspectiva, contra el espíritu de la pluralidad, globalidad y apertura propio de regímenes laicos establecidos precisamente para responder a realidades sociales que ya no son culturalmente monolíticas como en algún momento se pensó”.

El sociólogo habló sobre la evolución y desarrollo de la religiosidad en América latina desde la época de la conquista donde los individuos fueron obligados a tener una sola fe: “Desde los tiempos de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, estableció que en todos sus dominios la única religión sería la católica; a partir de ahí tenemos 300 años de una religión que no permite el establecimiento de ninguna otra y no permite ni siquiera el ejercicio privado de cualquier otra forma de espiritualidad.

De esta manera señaló el investigador, que las culturas y religiones autóctonas, indígenas existentes antes de la llegada de los españoles, fueron completamente arrasadas y no se les permitió seguir existiendo. También se prohibió cualquier otra forma de convicción religiosa de las ya existentes en Europa o en Asia. Se prohibieron el protestantismo, las iglesias reformadas, el islam y el judaísmo, en cualquiera de los territorios dominados por los españoles y también por los portugueses en América, es decir, casi toda América Latina.

El Dr. Blancarte explicó que durante el surgimiento de las nuevas naciones se pensó que el único elemento de identificación nacional era la religión y no existía la idea ―ni la posibilidad— de que bajo un mismo gobierno hubiera personas distintas en cuanto a sus creencias religiosas, a su composición étnica, sus culturas, sus lenguas, etc. Había la idea de que debíamos ser todos iguales y se buscaba construir una cultura única a partir de esta diversidad que se reconocía de culturas existentes en un determinado país: “Existía la idea de que la religión como elemento central en la identidad nacional debía ser un elemento gestionado, manipulado para beneficio de los intereses establecidos por los diversos Estados”.

Sin embargo, el Dr. Blancarte señala que, a partir de la descomposición de los regímenes coloniales, en algunos países se separaron los asuntos de la Iglesia con los asuntos del Estado; por lo que el Estado asumió la soberanía nacional y las iglesias perdieron su soberanía y el poder que como corporación ejercían, por lo que fueron relegadas para poderse construir una nueva identidad nacional. Aunque, en algunos países, la Iglesia continuaba concediendo una serie de derechos a los nuevos estados independientes a cambio de mantener sus privilegios.

El especialista habló sobre las dictaduras militares que desaparecieron ante el empuje de la resistencia democrática en muchos de estos países, citó que al final del siglo XX por primera vez “hay una verdadera oleada democrática que lleva a regímenes no populistas, sino que se construyen a partir de una nueva concepción de los derechos humanos y de las diversidades culturales, étnicas y en general diversas gormas de diversidad existencial en nuestros países que condujeron a un despertar democrático”. El investigador dijo que, en casos de países como México, Argentina y Chile, a lo largo de los años 80, esto llevó a una transformación de nuevos ideales y nuevas concepciones acerca de lo que debía ser la sociedad.

Por último, señaló que, en México, por ejemplo, se generalizó la idea de un país mestizo que era una falsa idea de unidad nacional se transformó por otra idea de pluralidad. Así que nos deja la pregunta: ¿Dónde encaja este Estado laico que había estado construyéndose que reaparece en la nueva democracia? Porque las nuevas democracias se dan cuenta que para gestionar la nueva idea de diversidad y multicultural y multietnicidad y que somos muy distintos, con creencias distintas, que todos debemos tener un espacio para convivir en esta nueva sociedad.

Así resurge el Estado laico en nuestros países, que respete y garantice la libertad de conciencia para todos y al mismo tiempo igualdad y no discriminación, donde todas las formas de convicción deben ser respetadas.