8 de mayo de 2023.
Para explorar parte del pasado de la Casa de Recogidas de Guadalajara en el periodo de 1745 a 1871, Isabel Juárez Becerra —doctora en Historia por El Colegio de Michoacán y recientemente incorporada al Archivo Municipal de Zapopan— presentó el libro De la salvación del alma al régimen penitenciario, el viernes 5 de mayo del año en curso, en el vestíbulo de El Colegio de Sinaloa y coordinado con El Colegio de Michoacán.
Participaron en los comentarios el Dr. Martín González de la Vara, Dra. Sandra Luz Gaxiola Valdovinos y el Dr. Pedro Pablo Favela Astorga; moderó la Dra. María Elda Rivera Calvo. De acuerdo con la obra en este recinto y desde una cosmovisión cristiana, la justicia pretendía corregir la descarriada vida de esas mujeres y salvar sus almas.
Martín González de la Vara inició con sus reflexiones en torno a la obra señalando que las casas de recogidas coloniales eran instituciones entre benéficas —es decir, una especie de conventos— con un poco de carácter carcelario. Empero, añadió que conforme pasaron las épocas cobró más fuerza la parte carcelaria y menos la de beneficencia y la parte de recogimiento prácticamente desapareció. Por otra parte, expresó que el libro “no sólo es historia institucional, la de la casa de recogidas, sino es la historia de las mujeres que vivieron ahí”, afirmó el doctor.
Por su parte, Sandra Gaxiola expuso que el paso de un orden religioso a uno secular evolucionó de buscar la expiación del pecado —de la falta cometida a la salvación del alma— a la concepción del castigo del delito y la corrección de conductas bajo un código penal. En suma, la moral y la salvación del alma (formuladas a mediados del siglo XVIII) pasan por los procesos de secularización del siglo XIX, donde se presenta una reformulación de las cuestiones del derecho penal, reflejándose en esta casa que es el objeto de estudio.
Respecto a cómo se abordan aspectos de la historia de las mujeres, Pedro Pablo Favela mencionó que el recinto “parecía no tener la voluntad de contarse a sí mismo para el futuro”, debido a que tuvo el estigma de ser el espacio más odiado no sólo por las recogidas sino también por la sociedad que lo despreciaba por recibir mujeres vagabundas, alcohólicas o prostitutas; mujeres que se rebelaban contra el orden establecido.
Además, enfatizó que “este trabajo como tal es una gran aportación a la historiografía porque está haciendo una historia de las mujeres, pero de unas mujeres que estaban en la parte más baja de la escala social”.
Con base en lo anterior, la autora del libro, Isabel Juárez, exhortó a concebir cómo es actualmente una cárcel de mujeres. Rescató la diferencia de la reinserción social que reciben las mujeres a la de los hombres. Al ser pensado el régimen penitenciario para los hombres —ya que cometían más delitos— era más apremiante su corrección y reinserción que la de las mujeres. Eso condujo a que instruyeran a los hombres con educación y talleres que los incentiven al trabajo para que posteriormente puedan tener un empleo remunerado, y a las mujeres no. “Las mujeres no eran ciudadanas merecedoras de esos derechos”, declaró la autora.
Lo expuesto evidencia que “las instituciones son un desdoblamiento de la sociedad que las conciben. ¿Afuera qué hacen las mujeres? Cocinan, ¿adentro de la institución qué van a hacer? Pues que sigan cocinando con cargas más pesadas, porque ese es el castigo”, dijo la autora. Esto atiende a que ellas se encargaban de cocinar también para el departamento masculino en la cárcel. Argumentó que no era una actividad ajena a la que hacían afuera y, por lo tanto, se reflejaba en igualdad de condiciones en el principio penitenciario.
Lo mismo con la educación, si afuera no estudiaban ni se reconocía su aportación económica al hogar, en este espacio tampoco lo consideraban necesario para su reinserción social. Expresó que esto se sigue viendo en las prisiones actuales.
Hacia el final de la presentación, Isabel Juárez detalló que los hombres recibían por penas máximas trabajar en obras públicas, es decir, en un espacio afuera; pero las mujeres se encuentran limitadas a un espacio, la casa: “Las estriñe un espacio, está en el nombre: casa de recogidas. Las mujeres en el exterior están en una casa, pues que en el castigo también lo estén. Es un ejemplo de cómo habituamos y normalizamos los espacios propios de una mujer”. Destacó que la casa de recogidas terminó siendo el lugar máximo de castigo para una mujer.



