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La casa es un microcosmos que refleja la forma de vida y las tradiciones dentro de una ciudad: Amanda Osuna

1 de diciembre de 2022.

Como parte de sus actividades académicas, El Colegio de Sinaloa presentó el libro Si las paredes hablaran de Amanda Liliana Osuna Rendón, estudio que la autora realizó a petición del organismo hace una década y que da cuenta de entrevistas a diversos integrantes de los herederos de la familia Gutiérrez Zazueta —últimos habitantes de la casa hasta finales de los setenta—. Explicó que, tras varios años de estar deshabitada, la vivienda cambió de propietario y fue en 1991 cuando el Gobierno del Estado adquirió el inmueble que cedió en comodato a El Colegio de Sinaloa. La presentación se llevó a cabo el 30 de noviembre del año en curso, donde se contó con la presencia del director de Acervos Históricos y Biblioteca de este organismo, José Carlos Zazueta Manjarrez, coordinador de esta edición.

La historiadora Georgina González Mendívil, en sus comentarios, indicó que el libro Si las paredes hablaran examina el edificio sede de El Colegio de Sinaloa ubicado en un espacio central de la historia de la ciudad de Culiacán. Agregó que la obra se divide en tres ejes temáticos: el primero habla sobre las apariciones del predio en los registros públicos y su desarrollo paralelo al de la ciudad; el segundo, la casa como un centro neurálgico de relaciones personales y profesionales de la familia Gutiérrez; y el tercero aborda la vida cotidiana que se desarrollaba en la casa.

“La concepción de la casa como un microcosmos. Esta residencia lo abarca todo, desde lo más trivial hasta las ocasiones más especiales”, señaló González Mendívil. Expresó que tanto fiestas como funerales, las labores de oficina y la vinculación con la comunidad se suscitaban en este espacio, aunado a ello, “la noción de la casa como testigo de vida”.

En cuanto a los detalles de la construcción, Georgina González mencionó que estos atienden a la historia de la época y las necesidades de sus habitantes en aspectos como la ventilación o la estructura de los patios que atienden a las esferas de acción de sus habitantes.

Sobre el libro, Amanda Osuna explicó que una casa no es sólo un espacio delimitado por paredes, es todo un «conglomerado de factores sociales, culturales e ideológicos coexistiendo en un espacio y tiempo, en cierta forma un microcosmos que refleja la forma de vida y las tradiciones dentro de una ciudad”.

La autora explicó que el historiador cuando inicia una investigación, empieza con una idea y termina haciendo otra, lo mismo le sucedió a ella con este libro, ya que inició su investigación con los detalles de quién la construyó, los materiales y la planeación urbana de la zona, para después terminar introduciendo aspectos sociales, profesionales y familiares de sus moradores. Destacó que la arquitectura por sí misma es sólo una estructura y quienes al final les dan significado a los espacios son sus habitantes a partir de sus usos. Así, Amanda Osuna consideró que la mejor manera de reconstruir la historia de la casa fue a partir de las anécdotas, de las historias de las vivencias de sus propios habitantes.

“Así como la estructura incluye a sus habitantes, los habitantes incluyen a la estructura: es una simbiosis. Están en constante intercambio que no se detiene hasta el cambio de habitantes y se vuelve a repetir todo el proceso”, enfatizó la autora de la obra. Amanda Osuna concluyó agradeciendo tanto a los miembros de la familia Gutiérrez, a los vecinos de la casa y a El Colegio de Sinaloa por el apoyo en la realización del libro.

Durante la presentación, algunos asistentes participaron con anécdotas sobre sus vivencias en la calle Antonio Rosales, expresando que Culiacán fue de puertas abiertas hace algunas décadas donde se podía entrar en las casas del centro histórico, aunque no estuvieran sus dueños.

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