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La gran poesía es difícil. Hay que estudiarla, comprenderla y amarla: Jaime Labastida

22 de marzo 2021

Con la lectura de poetas como Vicente Huidobro, Luis de Góngora, Federico García Lorca, sor Juana Inés de la Cruz, Xavier Villaurrutia, José Gorostiza y Pablo Neruda, entre otros, Jaime Labastida —reconocido poeta y miembro de El Colegio de Sinaloa— disertó una Charla sobre Poesía el lunes 22 de marzo dentro del marco del Día Mundial de la Poesía y en coordinación con el H. Congreso del Estado de Sinaloa.

En el evento estuvieron presentes la Dra. Sonia Escalante López, directora del Instituto de Investigaciones Parlamentarias; el Mtro. Élmer Mendoza y la Lic. Lydia Concepción Celaya Valenzuela, presidente y secretaria general de El Colegio de Sinaloa respectivamente.

En una amena charla que discurrió entre analizar aspectos formales de este género literario, Jaime Labastida señaló que la poesía no se da de manera inmediata: “La gran poesía no está escrita de manera fácil, la gran poesía es difícil, hay que encontrar su sentido. No es sencilla, como no es sencilla la física o la matemática. Hay que estudiarla, hay que comprenderla y hay que amarla”.

Asimismo, enumeró las características de la poesía tales como el ritmo, la estructura, el sentido, la imagen, la metáfora y las aliteraciones, entre otros aspectos, ejemplificándolas con obras como Muerte sin fin de Gorostiza, Altazor de Huidobro y Nocturno en que nada se oye de Villaurrutia. En este último poema resaltó los recursos fónicos de la poesía con el fragmento: “y mi voz que madura / y mi voz quemadura / y mi bosque madura / y mi voz quema dura”, recursos únicamente permisibles gracias a la aparición de la imprenta.

Agregó que, con la aparición de la imprenta, la poesía oral hasta el momento —que era cantada y se acompañaba con la lira— pasó a ser fundamentalmente escrita, estableciéndose así una relación extraña entre el poeta y el lector. Extraña debido a que tanto el poeta como el lector no llegan a conocerse, como sí sucedía en la poesía oral entre el rapsoda y su oyente. Surgiendo así lo que se conoce como lector ideal, aquel que el poeta imagina que comprenderá su obra.

Además, Labastida mencionó la relevancia de esta relación entre el poeta y el lector, ya que “la poesía sin ser leída, sin ser escuchada carece de toda validez. Lo importante es la relación entre el poeta y quien lo lee. Porque el que lo lee, en silencio quizá, recrea la poesía en medio de la furia de la vida cotidiana”.

De la misma manera, el poeta indicó que es el ritmo el elemento que distingue a la poesía de la prosa, aunque, aclaró que, existe poesía en prosa. Como ejemplo, utilizó Walking around de Pablo Neruda, poema en el que, a través de la enumeración caótica, se retrata la desgracia de la vida cotidiana: “Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos / colgando de las puertas de las casas que odio, / hay dentaduras olvidadas en una cafetera, / hay espejos / que debieran haber llorado de vergüenza y espanto, / hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos”. De igual forma, a través de este poema señaló que la belleza no está unida necesariamente con la poesía, puesto que hay poemas que también expresan fealdad.

Otro aspecto que comentó es que desde luego la poesía ha variado, muchas de las formas poéticas que hoy engloba antes no eran consideradas como poéticas. Con ello, enumeró las primeras obras poéticas en la literatura occidental la Ilíada y la Odisea, y en la literatura oriental los Vedas y el Ramayana. Así también dentro de las lenguas amerindias se encuentra la poesía náhuatl con apenas 500 años de haber sido recogida, no obstante, su estructura tradicional denota una mayor antigüedad ―asociada con el canto y la danza―. Jaime Labastida concluyó que no hay una sola norma al escribir poesía y, por lo tanto, la poesía es inagotable.

Cabe agregar que, para cerrar la charla, el Mtro. Élmer Mendoza —distinguido escritor y presidente de El Colegio de Sinaloa—, finalizó con la lectura de Poema en el que nadie sabe nada del Dr. Jaime Labastida.

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