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Ana Laura de la Torre analiza las coincidencias históricas entre la Iglesia católica y los Juegos Olímpicos en la década de 1960

26 de mayo 2021

Para reflexionar cómo se va adaptando la Compañía de Jesús y la Iglesia católica a los retos que le imponen la realidad, la Dra. Ana Laura de la Torre Saavedra disertó sobre El Vaticano y los Juegos Olímpicos México 68, en el 24° Seminario la Religión y los Jesuitas en el Noroeste Novohispano, el miércoles 26 de mayo de forma virtual.

Comentó que fijar fechas de procesos es un acto arbitrario útil para el análisis histórico, e indicó que al tomar ciertas coincidencias se les puede dar una significación particular a fin de comprender procesos más complejos. Como es el caso de tomar una fecha arbitraria como punto de partida 1963, año en que murió Juan XXIII en la ciudad el Vaticano y en octubre en la localidad alemana Baden-Baden, México gana la sede para su capital de los Juegos Olímpicos de 1968.

Mientras que Juan XXIII encabezaría el Concilio Vaticano II, un esfuerzo titánico por reconciliar a su iglesia con la modernidad, México se convirtió en protagonista olímpico en un contexto antes dominado por el mundo noratlántico. De esta manera, la académica señaló que ambos imprimieron una importante huella en el acontecer global de la década de 1960.

Con lo anterior, comentó que su disertación se centraría en la participación de la Santa Sede de los Juegos Olímpicos de 1968 y los cambios que se produjeron a la luz del Concilio Vaticano II.

Cabe agregar que el movimiento olímpico surge como un proceso en medio de la secularización —separación de la Iglesia del Estado— y surge también en el marco de un activismo católico que buscaba combatir los males de la modernidad, esto era de interés para órdenes como la de los jesuitas

Ana Laura de la Torre procedió con un recuento de los antecedentes históricos de los Juegos Olímpicos y sus correlaciones con la Iglesia católica, como la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, ya que, con el fin de la Segunda Guerra y en las vísperas de la Guerra Fría, la URSS (Unión Soviética) alcanza un nuevo liderazgo dentro del olimpismo y su modelo deportivo centrado en el Estado como promotor del deporte empieza a expandirse a Europa del este, Asia, África y América Latina. La investigadora expresó que esta propuesta enfatizaba al deporte como un promotor del cambio social teniendo al Estado como una guía.

Por otra parte, ante el panorama de ser sede de los Juegos Olímpicos, Pedro Ramírez Vázquez —presidente del comité organizador— impulsó fuertemente la Olimpiada Cultural, un evento con la tarea de promover la paz, es decir, el objetivo final que había impulsado el nacimiento del movimiento olímpico. Anterior a los eventos del dos de octubre del 68se exaltaba la figura de los jóvenes como los principales protagonistas del evento, mencionó la investigadora, además, Ramírez Vázquez explicaba que el propósito del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz era ofrecer a los jóvenes un panorama optimista del mundo.

Hacia el término de su exposición, la Dra. Ana Laura de la Torre explicó que la Santa Sede también interrumpió en el escenario olímpico de nuevas maneras, gracias a los aires renovadores que vienen con el Concilio Vaticano II y por la oportunidad que ofrece la Guerra Fría, ya que le permite a la Iglesia participar en un mundo cada vez más secularizado. “La Santa Sede bajo el papado de Pío XXII se muestra abiertamente como un combatiente del comunismo”, agregó la investigadora. Así las relaciones entre Estado revolucionario e Iglesia católica se suavizan lo que le permitirá a la Iglesia tener visibilidad en eventos como los Juegos Olímpicos.

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