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Entre el amor y el desamor se entreteje Última visita a los humanos novela de Aleyda Rojo

12 de noviembre de 2025

La escritora mazatleca Aleyda Rojo, acompañada por el narrador Juan Esmerio Navarro, presentó su más reciente novela, Última visita a los humanos, obra que irrumpe con una fuerza íntima y punzante en el panorama literario actual. Dicha presentación se desarrolló como parte de las actividades de la FIL Culiacán 2025, en El Colegio de Sinaloa el pasado miércoles 12 de noviembre del año en curso.

La novela se despliega con la complejidad y la belleza de un tapiz tejido en tres partes que, aunque independientes, laten al unísono bajo un mismo pulso: el de un triángulo amoroso que, a lo largo de tres décadas, ha sobrevivido —o más bien, ha agonizado— entre sombras y destellos de pasión. Pompina, Miguel y Carmen son los tres vértices de esta figura dolorosa, un triángulo donde cada uno de los protagonistas, arrastrado por sus propios fantasmas, parece condenado a destruir —sin quererlo, pero con una intensidad devastadora— las vidas de los otros dos. Como si el amor, en su forma más pura y a la vez más destructiva, hubiera dejado de ser un refugio para convertirse en una cárcel emocional de la que ninguno sabe o puede escapar.

Para describir los temperamentos y las emociones que dan vida a sus personajes, Aleyda Rojo recurre a una metáfora tan afilada como luminosa: la colmena. Un microcosmos en el que las figuras simbólicas de la obrera, la abeja reina y el zángano cobran vida propia, actuando como espejos de las virtudes y miserias de los seres humanos que habitan el relato. En su danza irónica y a menudo humorística, estas abejas nos revelan, no sólo las pasiones y anhelos de los personajes, sino también sus limitaciones y su inevitable fracaso.

La colmena, ese espacio colectivo donde cada uno tiene su lugar asignado, es el marco perfecto para entender las dinámicas de poder, sumisión y egoísmo que arrastran a los tres protagonistas a un ciclo repetitivo de autodestrucción. El protagonista masculino, en particular, parece habitar la figura del zángano: un hombre que se resiste al trabajo, a la reflexión y al cambio, refugiándose en una comodidad que no le pertenece, viviendo a expensas de los otros. Su desidia, su incapacidad de actuar, lo convierte en una metáfora inquietante de ciertos rostros reales que, sin dar golpe, se mantienen cómodamente a la sombra del esfuerzo ajeno.

En medio de este espacio encerrado, donde el tiempo parece detenerse y las emociones se acumulan como miel espesa, la tragedia se infiltra inevitablemente. Nadie está a salvo: ni la obrera que lucha incansablemente, ni la reina que se consume en su poder y soledad, ni el zángano que parece escaparse a todo esfuerzo, pero cuyo destino está marcado por la indiferencia y el abandono. Todos, de alguna manera, son prisioneros de sus propios deseos, temores y frustraciones.

Durante la presentación de la novela, Aleyda Rojo compartió el arduo y doloroso trayecto de creación que llevó más de dos décadas. “Creo que esta será mi última novela —dijo, entre risas—; imagínense, si me voy a tardar veinte años con cada una, no me va a alcanzar la vida”. Y, aunque su broma reflejaba la ligereza con la que a veces abordaba ese largo proceso de escritura, lo cierto es que la espera, la paciencia y el cuidado con los que ha modelado esta obra se reflejan en cada palabra, en cada giro narrativo. La novela no es sólo un relato de amor y desamor, sino también un testimonio de perseverancia y reflexión sobre el paso del tiempo, sobre cómo las historias se construyen y se destruyen, no sólo en las páginas de un libro, sino también en las vidas que vivimos.

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