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Algunas reflexiones en el Centenario de la SEP

Artículo de José Ángel Pescador Osuna, miembro de El Colegio de Sinaloa.

Conmemorar es recordar para exaltar.

Al trasladarnos a 1921 para conmemorar la fundación de la Secretaría de Educación Pública, tenemos que situarnos en el contexto de un país más rural que urbano de cuyos casi 14.5 millones de habitantes el 65 por ciento no sabía leer ni escribir.

Elevar al rango de secretaría a la dependencia del Ejecutivo encargada de sacar al país de semejante atraso, fue sin duda el reto más grande que afrontó la entonces joven y pujante Revolución Mexicana.

Por estos días se hace el recuentro de lo logrado en materia educativa en esos cien años, que a pesar de las limitaciones que se le quieran señalar siempre resultará impresionantemente positivo a partir de una pregunta elemental, aquel régimen emergente que ya repartía tierras y organizaba sindicatos, cómo visualizó a la educación, qué se propuso más allá de alfabetizar.

En aquellos momentos estaba todo por hacer, había que comenzar desde el concepto. Indudablemente José Vasconcelos convenció al presidente Álvaro Obregón de que el hecho educativo tiene como guía el modelo del ser humano que aspira a formar.

Así, repito que más allá de la alfabetización emprendida entonces, cien años después el propósito de la tarea educativa mexicana sigue siendo el de desarrollar el pensamiento crítico, las capacidades cognitivas, el sentido de comunidad y acendrar valores morales.

Para eso y reponiéndose de los avatares impuestos por los cambios de corrientes gubernamentales, la educación en nuestro país es un derecho constitucional. La escuela y la difusión de la cultura que pone al alcance de todos, otorgan enseñanzas formales y estimulan la creatividad de los mexicanos.

La filosofía de la educación mexicana parte de considerar que la capacidad para el aprendizaje de todo individuo tiene que contar con oportunidades de desarrollo. Por eso uno de los hechos estelares en la historia de la SEP fue la creación de los libros de texto gratuitos en 1959, indispensable material de apoyo único y laico, que igualó las oportunidades de aprendizaje.

Este ejemplo nos recuerda otra de las funciones de la política educativa en un país donde existen lamentablemente enormes disparidades sociales por superar, como la desnutrición infantil y la desigualdad de género que todavía prevalecen en algunas regiones remotas.

En fin, si actualizamos la pregunta sobre lo que se proponía la naciente SEP de 1921, yo diría que los retos de hoy son en resumen, incrementar la eficiencia  terminal en todos los niveles es decir, abatir la deserción; superar el aprovechamiento de los aprendizajes en matemáticas y ciencias, sin obsesionarnos con los indicadores internacionales, y mejorar sustancialmente la comprensión de la lectura y el lenguaje oral y escrito, de manera que con un manejo lógico de conocimientos interdisciplinarios, nuestros jóvenes puedan resolver problemas e ir al nivel superior con posibilidades de éxito.

Siendo profesor normalista y habiendo tenido el honor de encabezarla, no podría yo terminar este breve comentario sobre el Centenario de nuestra bienamada institución, sin referirme a las maestras y maestros que entregaron y siguen entregando diariamente sus capacidades y su vida entera, a la educación de la niñez y juventud de México. Para mí, todos ellos son dignos realizadores del sueño de Vasconcelos, inspirados por la egregia figura del paradigma de todos los que nos formamos en el normalismo, los maestros Ignacio Manuel Altamirano y Rafael Ramírez.

¡Viva la SEP, viva la educación mexicana!

José Ángel Pescador Osuna, miembro de El Colegio de Sinaloa.

5 de octubre de 2021.

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